Un repaso por estrenos cinematográficos

Maximiliano Curcio recorrió plataformas de streaming en busca de estrenos para destacar y recomendar.


El crítico cinematográfico, Maxi Curcio, contó en Tarde Neurótica las nuevas películas para ver en netflix, flow y qubit. De Corea del Sur a Finlandia, de David Lynch a Mark Wahlberg. Hay para todos los gustos en esta columna del especialista en el séptimo arte.

Spenser confidencial – Netflix

De reciente estreno en la plataforma de streaming, este film enmarcado en el cine de acción más comercial posee la particularidad de reunir por quinta ocasión en la última década a la dupla que han conformado, de manera tan prolífica como curiosa, el cineasta Peter Berg y el actor Mark Whalberg. Rastreando anteriores colaboraciones, podemos mencionar films como “El único Sobreviviente” (2013), “Horizonte Profundo” (2014), “Día de Patriotas” (2016) y “Milla 22” (2018). Este sendero profesional que han trazado conjuntamente, coincide con la evolución actoral de Whalberg, quien se ratifica como un héroe de acción probado a lo largo de los años, no obstante en este film su personaje se limita a un arquetipo funcional a un escaparate de ocio sin mayor sustento ni interés.

La figura de un fuera de la ley que toma justicia por mano propia resulta sumamente esquemática y patética, buscando la propia redención se convierte en el centro de esta comedia de acción en donde un ex – agente se inmiscuye en los bajos fondos bostonianos para desenmascarar un caso de corrupción policial. Este film resulta, por lejos, la propuesta más pobre de un cineasta como Berg, quien suele basar la ficción de sus films en eventos reales y ofrecer a caracteres comunes y corrientes cualidades heroicas. Su filmografía se puebla de secuencias de acción subyugantes y una edición sumamente veloz, rasgos estéticos presentes en “Spenser”. Así como también, sus caóticas escenas de peleas y persecuciones, echando mano a su habitual trabajo de cámara en mano y una recurrente tendencia a imponentes tomas aéreas que distraigan la atención sobre una trama concebida con absoluta liviandad y exiguo estímulo.

What did jack do – Netflix

Apasionado por las artes plásticas, el mundo de la animación, la música y la meditación, David Lynch es un artista inquieto y versátil. La filmografía de este autor nos adentra en historias de misterio y de ensoñación, internándonos en realidades paralelas que se revelan, casi siempre, alrededor de una misteriosa mujer. Lynch cultiva un universo de material fílmico donde la matriz argumentativa se irá develando lentamente y tendrá a su fiel espectador como cómplice. Sujeto a los recurrentes guiños autorales que hacen un paradigma del sinsentido y en las antípodas de las reglas comerciales, el autor desborda la máxima surrealista: el inconsciente doblega la narrativa convencional. El secreto de su encanto es abandonarse a toda esperanza de lógica y sumirse en una fascinante fábula. La obra lyncheana penetra interminables caminos de desvarío, llevando al paroxismo las obsesiones propias. Por ese transitar onírico a través de mundos paralelos, se componen las piezas de un rompecabezas que conformara las tres décadas de su trayectoria, hipnótica de principio a fin. Un exponente clásico del cine de autor de hoy. Desde “Eraserhead” (1978), pasando por “Terciopelo Azul” (1985) y llegando a “Carretera Salvaje” (1997), Lynch ha desplegado en su repertorio un sinnúmero de marcas registradas a la hora de manejar planos, climas, dirección actoral y juegos de cámara que, conjugados, conforman ese tan particular -a veces incomprensible- pero deslumbrante mundo privado del cineasta. Quien no esté acostumbrado al delirio que Lynch hace costumbre en sus films, difícilmente podrá sentirse cómodo dentro de sus historias.

Este cortometraje, recientemente estrenado en Netflix, nos regala el primer ejercicio audiovisual de Lynch en varios años. En sus breves 17 minutos de metraje, veremos a Jack Cruz, un mono, quien es el protagonista de un cortometraje en blanco y negro que Lynch dirigió y musicalizó en 2016 pero recién este año debutó en plataformas online. Este ejercicio minimalista lleva ritmo de plano contraplano estático, dentro de una habitación. El diálogo (interrogatorio) acontecido se establece entre Lynch -quien hace de detective y parece sacado de un film noir- y Jack, un mono sospechoso de asesinato. La gestualidad del mono trajeado, cuya boca humanizada está sobre impresa de modo rudimentario, es antológica y siniestra. Detrás de su expresividad identificaremos emociones, y es allí donde el film profundiza la siguiente cuestión: qué le sucede al simio, que quiere expresar.

El cortometraje ayuda a imaginar el absurdo dentro de esa sociedad distópica, en donde animales -humanos y no humanos- convivirán. Si buscamos ahondar en su profundidad, nos interpela acerca de adónde se podría llegar si otorgamos derechos a todos los animales no humanos, de modo igualitario. La cuestión se proyecta cuando especulamos sobre un mundo sin especies que se distingan o que se consideren superiores o explotando a las otras. ¿Podríamos reflexionar o imaginar a nuestros pares no humanos como posibles conciudadanos del futuro?. Esa es la pregunta que nos siembra David Lynch, con su breve pero impactante cortometraje que humaniza a los animales al tiempo que el singular orangután traba amistad con otras especies. Esta utopía post-evolucionista reducida al disparate nos anima a pensar que los animales sienten y viven como nosotros Ese es el gran tema de la inclusión que plantea el director sobre las diferentes minorías. Una de las tantas vertientes qué desprende su más reciente sueño surrealista: los animales tienen voz y voto, componentes de una sociedad donde poseen derechos, obligaciones y también responsabilidades a la hora de hacer un mundo mejor.

Una propuesta bizarra y desconcertante hasta la parodia.

Parásitos – Flow

Impactante y genialmente elaborada, “Parásitos” es una sátira muy llamativa y crítica con la división de clases. Frenética, brillante e inclasificable, se enmarca dentro de los cánones de la comedia oscura de atípica resolución, con una mordaz crítica hacia la clase de géneros. Es la deslumbrante sátira social dramática que cobra pertinencia social, aspecto que no sorprende: Bong Joon Ho siempre se ha caracterizado por el humor negro, por mixturar géneros e historias con giros atípicos y personajes conducidos irremediablemente al extremo. El director surcoreano vuelve luego de su éxito con “Okja” (ya disponible a través de Netflix) con una comedia retorcida donde hay espacio para el thriller, el drama familiar y la crítica social. Este director de cine y guionista surcoreano que se distinguió por trabajos como “Memories Of Murder” (un drama criminal real de 2003), el film de monstruos que también escondía una fábula social “The Host” (2006) y la película de acción y ciencia ficción “Snowpiercer” (2013) se consagra obteniendo el Oscar al Mejor Director y al Mejor Guión, también obteniendo los galardones de Mejor Película y Película Internacional.

En “Parásitos”, dentro de un tono burlón, hay una intención por exponer aspectos incómodos de la nación surcoreana, como la notable diferencia de clases y el miedo constante a su vecino país de Corea del Norte. Se trata de una película sumamente pertinente; no solo por el mensaje ideológico que porta, sino por la cuidada utilización de la puesta en escena, el trabajo de planos y la simétrica arquitectura de sus decorados en su minuciosa recreación, aspectos que nos hablan a las claras de que Bong Joon Ho es un purista del lenguaje cinematográfico. Observamos una buena conjunción entre contenido cinematográfico y metáfora social y política. Como mencionado anteriormente, el director es muy hábil y versátil para trabajar diferentes registros genéricos, fluctuando desde la comedia sarcástica al drama desgarrador. “Parásitos” es impactante, es incómoda, es impredecible. Sabe cómo indagar un abanico de sensaciones en su público y crear atmósferas que, tanto en esta película como en sus films anteriores, son un pasaporte a pensar alguna cuestión social que elípticamente será cuestionada.

Su nueva criatura audiovisual nos habla de un momento político que se puede extrapolar en variadas situaciones del presente, viendo espejado su impacto también en nuestra coyuntura social latinoamericana y el abismo existente entre clases sociales, aún reconociendo distancias culturales, diferentes arquetipos e idiosincrasias con aquellas latitudes. Por otra parte, podemos encontrar una analogía con los enfrentamientos entre Corea del Norte y Corea del Sur y esta especie de invasión ‘vampírica’ que acontece en la película. También, el film celebra el hito que representa una evidente apertura ideológica de Hollywood a reconocer este tipo de propuestas en pos de una mirada menos conservadora a la de antaño. Se puede analizar también por qué impactó tanto en la industria americana y se convirtió en la primera película extranjera en ganar en su categoría y también como mejor película. Y que lo haya hecho una película oriental no resulta un dato menor.

Bong Joon Ho conquista el cine de Occidente con esta gesta, cuyo mensaje ideológico no eclipsa el valor cinematográfico que intrínsecamente posee la obra. El mensaje de actualidad social que provee como móvil otorga profundidad y relevancia a una película (como síntoma de un momento histórico en donde nos replanteamos como sociedad antiguos valores impuestos), reflexionando sobre la verdadera naturaleza del intruso social, este éxito coreano resguarda ese vital espacio de libertad en donde el espectador pueda bucear y extraer sus propias conclusiones. La plataforma Flow de Cablevisión coloca a disponibilidad su estreno para el próximo martes 24/3.

El artista anónimo – Qubit

La tradición del cine finlandés nos adentra en nombres como Aki Kaurismaki (premiado en numerosos festivales a lo largo del mundo) y Renny Harlin (exitosamente afincado en Hollywood hace décadas). En esta ocasión, el cineasta Klaus Härö se inmiscuye en el mundo de la pintura para recordarnos otras películas ambientadas en el negocio del arte y la venta de obras como “La Mejor Oferta” (Giuseppe Tornatore), también podemos citar a las nacionales “El Artista” y “Mi Obra Maestra” (ambas de la dupla Cohn-Duprat). Aquí, “El Artista Anónimo” nos cuenta la búsqueda de un viejo comerciante de arte, a punto de retirarse, quien descubre en una subasta una antigua pintura que considera original. De esta forma, se le presenta una valiosa oportunidad para llevar a cabo una venta millonaria. Adentrándose en los turbios manejos del negocio de galeristas y exhibidores de arte, se posiciona como una inteligente reflexión sobre la industrialización en tiempos presentes de distantes vínculos humanos.

El mercado, los medios y la crítica de arte ejercen su influencia sin claudicar, constituyendo piezas esenciales del mapa del arte contemporáneo. Como mensaje final, y tejiendo una suerte de metáfora acerca del verdadero valor de la obra, resulta interesante pensar como “El Artista Anónimo” se posiciona respecto a la herencia del conocimiento de generación en generación y el valor afectivo, intransferible e imposible de mensurar, que una obra de arte posee. Haciendo una analogía, también, con la tradición de valores sociales impuestos de forma masiva, “El Artista Anónimo” se adivina como posible de ser interpretada como un homenaje a todos los artistas anónimos olvidados por caprichos del tiempo y el destino, sepultados bajo las máscaras y apariencias de un arte vacío y esnobista que prestigia modas pasajeras en virtud de las vertiginosas y fragmentadas tendencias actuales.

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