Tóxico, Las Furias, Un sueño hermoso y Puerto Almanza

Maxi Curcio recomendó cuatro producciones nacionales estrenadas recientemente en CineAR.


El crítico cinematográfico, docente y productor audiovisual  repasó en su columna semanal de Tarde Neurótica cuatro estrenos de la industria cinematográfica argentina que se pueden ver en la plataforma Play CineAr.

Tóxico

En medio de una pandemia de insomnio, que cobra lentamente dimensiones catastróficas, Laura (Jazmín Stuart) y Augusto (Agustín Rittano) huyen de la ciudad en su motorhome para alejarse del caos. A medida que avanzan por la ruta, el mundo se vuelve un lugar cada vez más extraño y peligroso. A medida que se alejan, el camino se va despoblando, el silencio crece, cada vez resulta más difícil diferenciar la realidad del ensueño. Un escenario caótico puebla las calles de gente usando máscaras y barbijos.

La realidad, una vez más, supera a esta ficción inspirada en el brote de gripe A de 2008. Profético, su visionado puede resultar una bienvenida catarsis y toma de conciencia para el público, también una notable dosis de impacto al contemplar una película que transcurre en una situación similar a la que nos encontramos actualmente. Extrañezas del destino que prefiguran este abordaje del cine argentino al género de ciencia ficción, vertiente que resulta poco habitual. Podemos mencionar reciente exponentes como “La Parte Ausente” (con Alberto Ajaka y Celeste Cid) y “Fase 7” (también protagonizada por Stuart junto a Daniel Hendler).

“Tóxico”, de Ariel Martínez Herrera, se anticipó a los tiempos de pandemia que hoy tristemente atravesamos. Este relato fantástico en clave de road movie nos transmite la atmósfera asfixiante dentro del motorhome -filmado con la técnica backproyecting, todo lo que se proyecta fuera da sensación de movimiento-, explorando los vínculos de pareja igualmente contaminados. Los protagonistas atraviesan un proceso interior que narrativamente se resuelve de forma interesante: espejado en el exterior que parece desmoronarse, un progresivo resquebrajamiento se torna en un simbolismo más que adecuado. Un mal contagioso aqueja a la humanidad, distópica ecuación que excede los límites de nuestra pantalla.

Puerto Almanza

En la pequeña localidad austral de Almanza, vive un pescador, bajo sus propias reglas y aislado de todo contacto con el mundo exterior. Tiene 4 hijos: ellos son los únicos 4 niños del lugar. Todos los días una maestra les da clases en una pequeña sala. Su padre reclama tener una escuela. Mientras tanto, Santiago es un hombre que vive solitario junto al bosque, donde trata de purgar su oscuro pasado. Aguarda el regreso de su hijo e intenta responder preguntas acerca del vínculo con su padre. Este es el cuadro humano que nos presenta el documental dirigido por Juan Pablo Lattanzi y Maayan Feldman.

El frío y la montaña visten los paisajes de esta calle cerrada que da hacia el mar. “Puerto Almanza” se interna en la cruda realidad de quienes habitan ese lugar del mapa, fronterizo y conectado directamente con Chile. Una estirpe de pescadores que nos recuerdan a los antiguos protagonistas del neorrealismo italiano, una realidad cruda y de férreas tradiciones como en “La Tierra Tiembla”, de Luchino Visconti, sólo que aquí la docu-ficción y la explotación de trabajadores ha dado paso a los contrastes sociales y las dificultades de vivir en ese extremo sur patagónico.

Una fotografía cálida narra las vivencias con una inmediatez que contrasta la fría atmosfera de este paisaje singularmente hipnótico y que también posee precariedades. Ubicado a 75 kilómetros de Ushuaia, el desafío para la dupla de directores resulta en poder hacer una película en un lugar rústico y asilado de todo tipo de contaminación exterior. Una mirada respetuosa por los personajes y las historias del pasado que aún habitan la región, nos vislumbran cargas de violencia atávicas. Sin embargo, su tono contemplativo espera la complicidad del espectador. Un retrato de una Tierra del Fuego diferente, alejada de las postales turísticas más habituales, nos invita tierras adentro, a descubrir su extraña belleza.

Un sueño hermoso

Para su película “De eso no se habla” (1993) -a la postre sería su último largometraje- María Luisa Bemberg emitió un anuncio publicitario, en donde requería los servicios actorales de una enana. Así, literalmente, este aviso circuló en los medios hasta que Alejandra Podestá respondió al mismo, convirtiéndose en la protagonista de una película que contaría en su elenco con el galán italiano Marcello Mastroianni. Este documental, dirigido por Tomás de Leone, se vale de valiosos testimonios de varias personas pertenecientes al círculo íntimo de Alejandra, quien fuera trágicamente asesinada en el año 2011. Para su reconstrucción, abunda en material de archivo y también apela a la recreación de situaciones de la protagonista que pusieran en evidencia rasgos de su mundo íntimo y afectivo. Aquí, la tarea del director se vuelve sumamente sutil. Visual y narrativamente, el film adquiere un vuelo plástico y dramático propio, sin anclarse en el mero hecho ilustrativo de incidir en el lugar común para retratar a un personaje singular. Por el contrario, presenta un atractivo mundo climático que ahonda en las personalidades de sus protagonistas. “Un sueño hermoso” nos retrotrae al rodaje de esta película y su mirada sensible persigue un eco emotivo en el espectador. Pretende también ser un homenaje a un bello ser como María Luisa Bemberg, directora pionera de nuestra industria cinematográfica. Nacida en 1922 y fallecida en 1995, fue una directora de cine y guionista, destacándose como gestora de películas con temáticas referidas a la emancipación y reivindicación de la mujer, aspecto que la convirtió en una adelantada a su tiempo. Su película “Camila”, que causara tanta polémica como alabanzas a su estreno en 1984, fue elegida para competir por el Premio Oscar como mejor película extranjera, un hito infrecuente dentro de la historia del cine argentino. Este documental, nos sitúa en 1992, en plena filmación de “De eso no se habla”, una grandiosa co-producción italiana que contaba con un elenco de lujo, entre quienes se recuerda a figuras de la talla de Luisina Brando, Jorge Luz, Mónica Villa, Betiana Blum, Roberto Carnaghi, Tina Serrano y Juan Manuel Tenuta. Ambientada en los años ’30, la mencionada Alejandra Podestá encarnaba a la hija de la protagonista, un ser dotado de extrañeza y melancolía, víctima de su sentimiento de segregación del resto del mundo. Acaso, esta ha sido la especialidad de una directora sensible, fundadora de la Unión Feminista Argentina, y que potenció su cine como una herramienta para visibilizar las problemáticas sociales de la mujer de su tiempo. Lo interesante del realizador, retomando esta crónica que forma parte de la historia reciente de nuestro cine, es la puesta en presente del acto arriesgado que asume una directora monumental, poniendo en discusión el encuentro entre dos mujeres antagónicas. Meritorio resulta el salto artístico de Bemberg al incluir en su historia a una protagonista que no había tenido ningún elemento previo como experiencia actoral ni bagaje en el ámbito cinematográfico y como repercutió en ésta. Internándose en la psiquis del personaje de Alejandra, “Un Sueño Hermoso” traza líneas psicoanalíticas en un abordaje que abreva en ilusiones frustradas, deseos postergados y finales trágicos.

Las Furias

Sobre una idea de los mismos protagonistas de la película (Guadalupe Docampo y Nicolás Goldsmith), “Las Furias” nos cuenta la historia de Leónidas, joven indígena destinado a ser el líder de su comunidad, quien se enamora de Lourdes, la hija del terrateniente blanco del pueblo. Luego de ser separados cruelmente por sus familias, se reencuentran para emprender una sangrienta venganza y descubren que los une un profundo sentimiento y un secreto, que el espectador deberá descubrir. Este esquema argumental, con marcada reminiscencia shakesperiana, nos sitúa en un drama que exhibe las tensiones de poder que existen en la comunidad de un pequeño poblado. Filmada en locaciones mendocinas y dirigida por Tamae Garateguy, “Las Furias” opone valores e idiosincrasias de vida en ciudad versus vida rural. La directora del reciente documental “50 Chuseok” posa su mirada sobre los hombres poderosos que quieren apropiarse de tierras y también de personas. Sin miramientos, estos villanos buscan imponerse sobre otras culturas, y dicho prototipo está encarnado en el avasallante y sombrío personaje que interpreta Daniel Aráoz, actor de primer nivel que potencia un elenco compuesto por otro nombre relevante como el de Juan Palomino. La directora prefigura cierto tipo de inquietudes narrativas que remiten a una estructura de amor clásica y también al género del western. La paleta de colores utilizada ofrece un interesante trabajo fotográfico, prefiriendo una puesta con sombras marcadas y personajes a contraluz, como todo buen aprendiz western. La presencia de la lluvia potencia climas que contrastan con las sombras duras y el sol intenso que visten a este tipo de relatos. La fuerza natural se concibe como un personaje más, que plasma la atmósfera de este drama que orbita alrededor de la traición de la sangre.

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