Tarde Neurótica en Cosquín Rock 2019: la previa


Por Juan Bellesi.

Faltando un día para el evento musical más importante del país llegamos a Santa María de Punilla, la localidad que lo alojará. El aeródromo ya está convertido en una verdadera ciudad: tiene transporte propio, sanitarios, agua, recolección de residuos y, por supuesto, entretenimiento. En 10 hectáreas se montaron 5 escenarios por los que pasarán más de 100 artistas para un público estimado en cientos de miles de personas de distintos puntos del país.

Santa María de Punilla es un pueblo. Su avenida principal es, en realidad, la continuidad de una ruta. En sus veredas curvas y estrechas están emplazados los comercios, lo demás son casas bajas, río, sierras y árboles. Sin embargo, la fisonomía del pueblo ya está modificada y lo estará por los próximos tres días. Porque ya llegaron los primeros contingentes de jóvenes de distintos puntos del país. Algunos montaron sus carpas a la vera del arroyo y esperan el comienzo del show. Otros vinieron con lo justo y aprovechan el afluente de gente para hacer su pequeño negocio: venden gorros con inscripciones de bandas icónicas del rock nacional, llaveros, sahumerios y demás artesanías.

El Río Cosquín está casi seco, pero está pronosticado que llueva la noche del sábado y la del domingo. En esto coinciden todos. Hasta los especialistas.

“¿Lloverá hoy?”, le preguntamos al taxista que nos llevó desde Biallet Massé a Santa María de Punilla. El muchacho tiene alrededor de 30 años y vive en la zona desde hace 22.

—No es Cosquín Rock si no llueve —Respondió mientras nos mostraba por la ventanilla el aeródromo.

Probablemente tenga razón. El cielo está algo nublado, pero en el horizonte se divisan nubes negras que se van aproximando al cielo de Santa María de Punilla. A pesar de este futuro inmediato, los treinta grados que hacen esta tarde invitan a los visitantes al agua dulce, amarronada y pedregosa del río. Ahí se dispersan como en un balneario grupos de gente con música, conservadoras y guitarras. De un lado suena el cuarteto, pero el cuarteto cordobés, que resiste dignamente el avance del rock de estos días. Del otro lado aparecen el Indio, La Renga, Callejeros, y tantas otras bandas.

“¿A qué banda venís a ver?”, “¿Es tu primer Cosquín?” son preguntas que se repiten entre desconocidos. Se escuchan por todos lados, pero con distintas tonadas del castellano. Rápidamente se entablan lazos, amistades efímeras, pero sinceras. Y se debate. “El Cosquín ya no es lo que era” y otras tantas definiciones aparecen en las charlas. El festival, de alguna manera, se parece al futbol. A la parte más honorable del fútbol. La que genera conversaciones, encuentros, debates y reflexiones.

Y parece no haber acuerdos, pero tampoco enfrentamientos. Cordobeses, puntanos, correntinos, uruguayos, salteños, chubutenses… están todos acá. La convivencia es armónica y placentera. Esta edición del festival contará con rock, heavy metal, trap, hip hop y hasta música electrónica.

Mientras cae la noche se van prendiendo parrillas a ambos lados del río. El aroma y el sonido del carbón quemándose presagian que la cena va a ser contundente. Es que mañana se vendrán más de 10 horas seguidas de recitales en los que va a haber que trasladarse hasta 900 metros entre un escenario y otro. Hay que tener energías.

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