Sobre publicaciones y editoriales científicas

¿Cómo funciona el negocio de comunicar ciencia? ¿Debería ser un negocio?


El trabajo de comunicar ciencia, el negocio de publicar ciencia, la concentración de los medios y la reproducción de desigualdades en la comunidad científica global. Sol Represa, Licenciada en Química Ambiental y Doctora en Ingenieria Geomática de la UNLP, habló sobre estos procesos en su columna semanal de Tarde Neurótica.

La ciencia es un diálogo entre especialistas. Cuando se publican las conclusiones de una investigación científica se permite que este trabajo forme parte de la ciencia. Una vez publicado, el trabajo puede ser consultado, revisado y debatido. Para esto hay distintos espacios o formatos que van desde un artículo en una revista a un libro de ensayos. Las revistas científicas son el soporte principal de la comunicación de los resultados de la investigación. Las editoriales se encargan de tomar esas obras y difundirlas. Además, contribuyen a evaluar la calidad de los artículos.

Para garantizar la calidad de la investigación y también el prestigio del lugar donde se pretende publicar hay tipos de evaluación. Primero quien haya creado el paper debe declarar que no hay conflicto de intereses. El editor de la revista envía ese trabajo a 2 evaluadores o referís que no saben de quién es (sistema doble ciego) y si hay disenso entre esas dos personas se convoca a un tercero. Se supone que son expertos en esa área de trabajo y conocen la bibliografía ya publicada en el tema. Los selecciona el editor, pero el autor puede sugerir, no cobran, son anónimos y el proceso de evaluación dura entre 4 y 7 meses. Puede pasar un año desde que se mandó el paper hasta que se publicó.

Este equipo evaluador puede rechazar, aceptar o aceptar con cambios y basan su criterio de acuerdo a una serie de principios que en algún punto se emparentan al periodismo. En cuanto a los aspectos formales del texto, se exige adecuación a las normas, estructura y legibilidad acompañados de un estilo informativo riguroso e impersonal. Además se espera que el texto este adecuado a la audiencia a la que apunta, sea original y de relevancia y tenga validez científica.

En torno a todo esto hay una industria editorial científica. La UNLP, por ejemplo, tiene la EDULP. Las editoriales científicas y tecnológicas de Argentina están agrupadas en la Red de Editoriales de las Universidades Nacionales (REUN). Sin embargo, a nivel global son pocas las editoriales científicas que parecieran marcar la cancha del negocio. Según una investigación, 5 editoriales controlan más del 60% de todas las publicaciones científicas y son Reed-Elsevier, Taylor & Francis, Wiley-Blackwell, Springer y Sage. Por estar indexadas y por su alto factor de impacto los medios de estas empresas lideran y controlan a la industria. Para los científicos es casi imposible no intentar publicar sus trabajos ahí porque lograrlo implica reconocimiento y prestigio para continuar con la carrera de investigación.

El negocio es simple: los autores ceden sus derechos sin cobrar y de forma exclusiva. Esta exclusividad hace que quien quiera leer un artículo no tiene otra alternativa que pagar el acceso a la revista. “Las editoriales en primer lugar convierten el conocimiento académico en una mercancía sin pagar por el trabajo necesario para producirlo, luego afirman esas mercancías como propiedad intelectual y finalmente las venden a individuos o instituciones (universidades y bibliotecas), a menudo a precios exorbitantes”. Para dar una idea del tamaño de la industria Sol contó que en “2013 existían alrededor de 28.100 revistas científicas en idioma inglés y un mercado de 25.200 millones de dólares”. Además “las bibliotecas académicas representaban entre el 68 y el 75% de los ingresos, el sector privado entre el 15 y 20%”.Publicar un artículo suele costar 30 dólares y un libro (en formato digital) 80 dólares.

Ante esta concentración de la comunicación de la ciencia y la consecuente exclusión a la mayor parte de la sociedad, surgió SciHub “para remover todas las barreras en el camino de la ciencia”. Se trata de un repositorio de artículos científicos creado en 2011 por Alexandra Elbakyan, una joven estudiante de la Academia de Ciencias rusa. El sitio que se sustenta en el acceso libre y la democratización del conocimiento tiene más de 81 millones de artículos.

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