Princesita, Los Fuertes, Sinónimos, un Israelí en París y God of the piano

Maxi Curcio recomienda cuatro películas recientemente estrenadas disponibles para ver por streaming.


El crítico cinematográfico, docente y productor audiovisual recomendó en Tarde Neurótica cuatro películas, tres de ellas disponibles en Puentes de Cine. Dos producciones chilenas y dos co-producciones israelís y europeas.

Princesita – Puentes de Cine

La Asociación de Directores de Cine PCI (entidad que nuclea a directores independientes de nuestra industria latinoamericana) a través de su programa Puentes de Cine presentan el estreno en su Sala de Cine Virtual de “Princesita” (Chile, 2017). Podés acceder desde el home del portal de cine virtual, debiendo registrarte con tu usuario de la plataforma. “Princesita” se trata del segundo trabajo de Marialy Rivas, tras su primer largometraje, “Joven y Alocada” (2012), con el que ganó el premio al mejor guión dramático en Sundance. La película se ha presentado en festivales como Toronto, San Sebastián o Valdivia y es una co-producción entre Argentina, Chile y España.

Una película inspirada en hechos reales sucedidos en el sur de Chile. Cuenta la historia de Tamara, de once años, quien vive en una secta que está regida por las reglas y creencias de Miguel, su líder, quien le impone un destino a la niña: procrear junto a él a su sucesor. Pero ella se enamora de un compañero y esa relación pondrá en peligro el perverso propósito de Miguel. “Princesita” es un oscuro cuento de hadas que aborda temas urgentes. Nos encontramos con el abuso infantil tratado desde el punto de vista de la víctima; atrapada y manipulada. Una niña que despierta al horror y rompe el circulo de abuso en el que se ve sumida, como una metáfora de la identidad femenina, construida bajo la aceptación de una cosmovisión que abusa, toma posesión y somete, siendo estos crímenes acallados.

Se trata de la indefensión ante un predador y de observar la masculinidad avasallante como metáfora de un tiempo y una sociedad en donde el hombre heterosexual y blanco se instituye como fantasía para la mujer. Despojada de conceptos arcaicos, “Princesita” nos invita a pensar como funciona una mujer en la sociedad hoy en día. Mérito de una directora que recurre a la narración de voz en off, desde la subjetividad de su protagonista atrapada en esta secta. El uso de cámara lenta y la coloración fotográfica utilizadas como impacto emotivo en la incomodidad que repercute en el espectador, resultan dos virtudes técnicas a tener en cuenta. En la búsqueda del propio camino sanador, desde los ojos de esta niña la película nos habla de la identidad femenina que en ella se revela, presa en un mundo regido por hombres. Una realidad que, indudablemente, nos interpela.

Los Fuertes – Puentes de Cine

Esta es la ópera prima de Omar Zúñiga, luego de participar en Cine en Construcción en el Festival de San Sebastián y de festivales como Cinelatino Recontres de Toulouse, Valdivia y el Festival de Cine Queer de Melbourne, entre otros. Nos cuenta la historia de Lucas, quien viaja a visitar a su hermana a un pueblo remoto al sur de Chile. Frente al océano y la niebla, conoce a Antonio, contramaestre de un barco de pesca local. Cuando un intenso romance surge entre ambos, su fuerza, su independencia y su adultez se vuelven inamovibles ante el tradicionalismo imperante. Su estreno se contextualiza en el marco del Día Internacional del Orgullo LGBT que se celebra el 28 de Junio, dado que es una película que aborda la homofobia en el Chile contemporáneo, retratando la relación de amor entre dos hombres que prima por sobre el entorno que suele influir.

Aún incurriendo en ciertas reiteraciones narrativas, nos habla “Los Fuertes” de la valentía de un proceso de cambio que se abre a visibilizar problemáticas acalladas por años y generaciones. Un aspecto que deja ver el atraso ideológico de cierto sector más conservador del país, a la hora de asumir la homosexualidad sin tomar una postura discriminatoria. En medio de un entorno rural y bucólico, una cámara que sigue a sus personajes con planos medios y primeros planos inspecciona vínculos, deseos y obstáculos a sortear, insertos en una sociedad aún no despojada de tabúes, a fin de realizar un sólido aporte al pluralismo, la inclusión y la tolerancia.

Sinónimos, un israelí en París – Puentes de Cine

El relato nos muestra a Yoav, joven que llega a París desde su Israel natal para empezar una nueva vida. Lleno de ilusiones, y creyendo que esa será su salvación, hace todo lo que está a su alcance para intentar convertirse en francés. Enfrentado a cierta extrañeza en la mirada ajena, las cosas no resultan como esperaba y tendrá que enfrentarse a tragicómicas dificultades, empezando por el idioma que hará que un diccionario se transforme en su más fiel compañía. La nueva joya de Nadav Lapid, premiada con el Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Berlín además del galardón que otorga la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica, fue aclamada por la crítica con absoluta precisión. Competidora en el New York Film Festival, está basada en las propias experiencias del director. Quien comienza el proceso creativo de la película desde un lugar puramente instintivo y primordial como deseo a explorar su propia identidad, llevándolo a la construcción cinematográfica.

En el joven Yoav, autoimpuesto exiliado huyendo del ejército israelí, convive la visión nacionalista de un desertor y la visión humanista de un libertario. Allí, observamos a un joven intenso y desbordado de una mixtura de fragilidad y amabilidad, pero -a la vez- una explosión de violencia que define la identidad del personaje en su carácter contradictorio. Una violencia implícita espejada en el sentido de exclusión, cultural e idiomática, que padecen los inmigrantes y se nos muestra en un relato que no está exento de humor e ironía.

Dejándonos como reflexión que la barrera política del lenguaje en sí es, a menudo, donde la identidad golpea el muro de la nacionalidad, y donde la tensión entre lo íntimo y lo social golpea un muro político inevitable. Ocupando un lugar preponderante en el relato, esta segregación es retratada de manera cínica y fría como un símbolo de la barrera nacionalista, enfatizando así el umbral específico de odio y exclusión amortiguada. En la piel del personaje protagonista, se refleja necesario lidiar con los arquetipos parisinos para resignificarlos bajo su propia idiosincrasia, legado y bagaje cultural. La redención como una lucha interna que no tiene frontera, como sí los países. En busca de su destino, morir como israelí y nacer como parisino se reflejan en la necesidad de escaparse para salvarse de la absoluta alienación.

God of the piano – Filmin

La pianista Anat toca el piano momentos antes de dar a luz. Trágicamente, su hijo nace sordo. Sin embargo, la voluntad de esta madre de criar a un genio del piano, haciéndolo escuchar a Mozart a modo de adaptarlo a su respetada familia de tradición musical se vuelve una adicción, llegando a tomar medidas drásticas con tal de que ello suceda. Esta es la premisa argumental del último film del cineasta israelí Itay Tal. Estrenada en el pasado festival BAFICI, en el marco de la Selección oficial de largometrajes a concurso, “The God of the Piano” es una película sobre genios musicales, pero es aún más intrigante lo que subyace debajo de sus finas capas narrativas.

Esta película israelí de múltiples caras nos muestra, por un lado, a una madre que se preocupa por su hijo prodigo y, desde otra perspectiva, la relación entre generaciones que se establece en el vínculo paterno y materno filial. También, la inclinación de tomar un talento como camino para obtener amor y aceptación. Nuestra protagonista no pudo cumplir las expectativas que su padre, amante de Mozart, tenía para ella; entonces traslada a su pequeño recién nacido aquello que ella no pudo concretar. Y proyecta sus frustraciones, deseos y sueños más profundos. Estamos ante un film que desafía nuestras emociones y genera atmósferas sumamente tensas. Una herida abierta que deposita en su hijo, el siempre determinante llamado de la vocación.

El piano es, también, una metáfora acerca del encanto que produce un instrumento, simbolizado en lo que representa la cámara cinematográfica para todo director. Un drama potentemente actuado exhibe una tendencia subyacente en formato thriller, que muestra una mixtura genérica a la hora de describir la tensión que caracteriza el actuar de cada personaje, creando un puente entre la obra y el espectador, acercándonos a la naturaleza de estos seres disonantes. Un retrato psicológico y complejo de personalidades, con ciertos matices sórdidos y un final grandioso.

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