¿Por qué, para qué y con quién psicoanalizarse?

Javier Salum reflexionó en torno a estas interrogantes en su columna semanal de Tarde Neurótica.


El Licenciado en Psicología, docente e investigador de la UNLP reflexionó en torno a estas interrogantes. Esto llevó a conversar sobre conceptos como experiencia analítica, resistencia o transferencia. Para comenzar, Javier expresó: “el psicoanálisis es un dispositivo entre otros posibles. No hay una verdad, no es que el psicoanálisis tenga la posta así como tampoco la ciencia tiene la posta. Sí nos permiten operar sobre un montón de situaciones actuales de nuestra vida cotidiana”. Siguiendo esta línea, indicó que “al psicoanálisis hay que situarlo en las coordinadas socio históricas en las que se inscribe. No es lo mismo el psicoanálisis en el comienzo, que hoy, que en la década del 60, que en lo que vendrá. Digamos más: los psicoanálisis porque a veces pareciera que se reduce a una modalidad universal, a un modo de pensarlo y ejercerlo”.

Pensando en la experiencia analítica, es decir, en el acto de ir a terapia, Salum explicó que “la experiencia analítica no se reduce al momento de consulta o sesión. El trabajo procede por muchas vías, no solamente en el momento del encuentro sino en los momentos entre sesión”. A su vez, “los procesos de cambio que se suscitan en el transcurso de una experiencia analítica suceden, en su mayor parte, por vías inconscientes. Es decir que no advertimos cuáles son las modificaciones, los movimientos que se están produciendo”, aseguró respecto de las consecuencias del psicoanálisis. En esta línea remarcó que “el efecto de alivio que produce la terapia procede paso a paso, es tan sutil que uno no llega a ser consciente”.

“Si algo produce, o intenta construir el psicoanálisis, es la posibilidad de echar luz sobre la potencia singular para construir un modo de vivir, de transitar por el mundo”, subrayó el Licenciado en Psicología.

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