Monsanto, paquete agrotecnológico y su impacto en el ambiente

Argentina lidera los rankings globales de exportación de soja y de uso de agrotóxicos ¿Es posible un modelo más sustentable?


Sol Represa y Agustina Etchegoyen, ambas egresadas de la Licenciatura en Química Ambiental de la UNLP e investigadoras, explicaron por qué es importante revisar el modelo de producción agrícola vigente en el país por uno más amigable con el medio ambiente y menos perjudicial para la salud. La pasada semana Bayer, el laboratorio que adquirió Monstanto y que fabrica plaguicidas con glifosato, cerró un acuerdo con 95 mil casos de demandas colectivas que tenía la empresa por el RounUp en 10 mil millones de dólares. “Entonces la empresa no se reconoce responsable y por tanto el producto sigue a la venta sin ni siquiera una etiqueta especial”, informó Sol. Se trata de un producto calificado por la OMS “como probablemente cancerígeno para los humanos”.

Agustina explicó que “el modelo agroexportador tiene una característica fundamental que es un paquete agrobiotecnológico: organismos genéticamente modificados, uso de agrotóxicos y tecnologías vinculadas a siembra directa y maquinaria agrícola”. Es decir, que las semillas transgénicas son un aspecto fundamental en esta problemática. “La soja en 1970, más o menos, era un cultivo totalmente pequeño en Argentina. En 1996 fue la aprobación del primer evento transgénico de la mano de la soja transgénica resistente al RoundUP, el glifosato que fábrica Monstanto”, contó la investigadora. Eso fue un momento de inflexión en la producción agropecuaria nacional. “Desde ese momento la frontera agrícola empieza a avanzar muchísimo en detrimento de otras actividades como la ganadería. Es la soja la que empieza a ganar terreno y hoy representa la mitad de las tierras agrícolas”, aseguró.

Menos de treinta años después de aquel primer paso, las comunidades rurales de zonas productivas empezaron a registrar patologías en su población que antes no tenían. A partir de ahí, “empiezan a ver casa por casa cuáles son los casos de cáncer o de ciertas problemáticas que antes no estaban. Han quedado pueblos inmersos en los sistemas productivos”, expresó Agustina y agregó que “no hay una regulación clara entonces las poblaciones terminan expuestas a los propios agrotóxicos que se utilizan en los campos y esto termina generando problemas en la salud”. Este proceso de organización comunitaria y resistencia que se replica en otros países del mundo comienza a proponer un modelo de producción alternativa. “Tenemos la agroecología y la soberanía alimentaria que es para donde hay que ir avanzando”, indicó Etchegoyen.

En esta línea, Sol sumó que actualmente “en Europa no se incentiva el uso de cultivos que sean modificados genéticamente. Hay regulaciones muy fuertes con respecto al uso de ese tipo de cultivos y no se financian investigaciones científicas en el desarrollo de cultivos transgénicos”. A contramano de esto Argentina, como país agroexportador, lidera “el ranking a nivel mundial de exportación de soja con Brazil y Estados Unidos” y, casi como consecuencia en “el ranking de uso de agrotóxicos estamos en el número tres de los casi doscientos países que hay en el mundo”, concluyó Agustina.

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