Maxi Curcio recomienda dos documentales y dos ficciones made in Argentina

Paternal, La Internacional del Fin del Mundo, Magalí y La vida en común fueron los largometrajes comentados en Tarde Neurótica.


El docente, productor audiovisual, escritor y crítico cinematográfico presentó dos documentales y dos películas de estrenos recientes que se pueden ver en la plataforma CineAr y Vimeo. Paternal, La Internacional del Fin del Mundo, Magalí y La vida en común fueron los títulos de esta semana.

Paternal – CineAR

Uno de los cien barrios porteños, Paternal es muchas tradiciones a la vez. Fútbol y rock & roll, comunidades hebreas y bodegas abandonadas. De la Paternal también surgió Diego Armando Maradona, figura que este documental también atraviesa en búsqueda de identidades y en su cosmovisión autoral puede caber la divinidad absoluta superior, poderosa e impoluta, tanto como la fragilidad humana e inabarcable de un ídolo popular y convocante. Nos advierte el director, Eduardo Yedlin, que en tiempos de fútbol como un templo moderno y de deportistas concebidos como íconos de masas, el simbolismo cobra otra dimensión si hablamos de religión. De Paternal era también Manuel Roitman, pilar de una familia cuyo origen rastrea el documental. Llegamos hasta la figura de su hijo, Adolfo, quien desde la infancia soñaba la Antigüedad y la historia lejana. Se graduó en Antropología en la Universidad de Buenos Aires, en plena dictadura. En 1987 emigró a Israel donde hizo su postgrado en estudios interreligiosos, siempre con honores. Y en Jerusalén se fascinó con el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, los Rollos del Mar Muerto, la Biblia más antigua jamás hallada. Desde 1994 es el curador de ese tesoro y divulgador de los mensajes contenidos en esos trozos de piel animal de más de dos mil años de antigüedad. Dicen los libros de historia que los ‘Manuscritos del Mar Muerto’ fueron encontrados en cuevas situadas en Qumrán (Estado de Palestina), a orillas del mar Muerto. Totalizan 972 manuscritos. La mayoría datan del año 250 a. C. al año 66 d. C., antes de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 d. C. Su colección se conserva hoy en día en el museo de Jerusalén, y su curador es -nada más y nada menos- que Adolfo Roitman.

¿Es “Paternal” una botella lanzada al mar? ¿Será, así como los rollos sagrados, una cápsula de tiempo? La preservación de la memoria es, también, una forma de pensar y ver el mundo. Acaso, ¿por qué no?, de ocultarlo de toda amenaza destructora. La huella de un pensamiento que todo acontecimiento histórico, social y humano arrastra como una marca indeleble. Allí está la curiosidad de todo documentalista y allí posa la mirada Eduardo Yedlin, retratando a Adolfo, un personaje que despierta simpatía e interés. Un viaje en el tiempo y en el espacio prefigura “Paternal”, documental itinerante que traza su ecuador desde los rollos del mar muerto al corazón del barrio porteño. Y, en ese trayecto, observamos la diversificación de ciudades, religiones, hábitats. También nos sumergimos en microcosmos y dimensiones paralelas que parece habitar este oriundo bonaerense. Resguardando ‘el santuario del libro’, dentro del museo, nos topamos con el eclecticismo de un personaje excluyente, Adolfo. La lente de Yedlin lo sabe inasible: diversos mundos giran alrededor de él; y su protagonista, generoso, abre su vida a la cámara. El documental transita una riqueza de realidades paralelas y recuerdos nostálgicos. Filmado en Argentina, Brasil, México e Israel, nos incita a pensar en qué puede creer y forjar su fe un ser humano.

La Internacional del Fin del Mundo – Vimeo

La película rastrea los comienzos de la izquierda en Argentina, mixturando historias de Mateo Fossa, Pedro Milesi, Mika Etchebere y Liborio Justo. “La Internacional del Fin del Mundo” nos relata la influencia que tuvo en la Argentina la revolución rusa, precisamente en los movimientos culturales, sociales y políticos de la época a través de la vida de cuatro personajes trabajadores, parte del movimiento de la Semana Trágica (la represión y masacre del movimiento trabajador perpetrada por el gobierno de Hipólito Yrigoyen) e involucrados tanto en el movimiento de la reforma universitaria como en corrientes revolucionarias de la izquierda. Quizás el más particular de todo ellos resulte la inclusión en esta historia imprescindible de ser contada al hijo del presidente Agustín P. Justo (por la Unión Cívica Radical, 1932-1936). Dirigido por Violeta Bruck y Javier Gabino (de “Memoria para reincidentes”) y liderando a un equipo de realizadores independientes del grupo Contraimagen, el documental construye una nueva geografía en la Buenos Aires de principios de siglo XX, basándose en el libro “El verdugo en el umbral”, del escritor Andrés Rivera.

Resulta interesante la opción de sugerir como espejadas algunas luchas por igualdad de derechos con la urbe contemporánea, brindando a la película una llamativa contemporaneidad. A partir del recurso cinematográfico, el film rompe la temporalidad y reconstruye la historia del debate político en base a cuantioso material de archivo y testimonios de familiares. Ejemplificando luchas de clases obreras, movimientos feministas, revoluciones de izquierda y el anarquismo europeo, el documental intercala imágenes de noticieros y un análisis pormenorizado que abunda en registros biográficos e históricos.

Magalí – CineAR

Luego de recibir la noticia de que su madre ha muerto, Magalí regresa a su pueblo natal en la puna argentina para reencontrarse con su hijo, a quien dejó a cargo de su abuela. Ahora deberá enfrentarse con las emociones que implican el reencuentro familiar, con su comunidad y con los conflictos que rodean a su pueblo. Magali es una madre abandónica, de carácter fuerte pero reservada. Podríamos describirla diciendo que tiene que lidiar con sus flaquezas para poder vivir. Es una madre soltera que escapa de algo que elude atravesar, suponemos. Observándola, sentimos la soledad de alguien en una ciudad que le es ajena. Casi sin quererlo, su hijo se convierte en el motor de reencontrarse con sus raíces. Allí la espera ese lugar que abandonó de pequeña. La cultura andina implicada en Salta y sus alrededores nos sitúa geográficamente en un bello lugar donde las fronteras entre países se diluyen. “Magalí” nació como un proyecto de viaje de investigación, y producida por la talentosa Sandra Guliogtta encuentra en su relato una riqueza de tradiciones, idiosincrasia y costumbres lugareñas que se insertan en la narración gracias a la labor de la guionista Daniela Seggiaro, salteña de nacimiento.

Resulta interesante el trabajo de Juan Pablo Di Bitonto: trabaja con actores no profesionales -salvo la protagonista, Eva Bianco- y lo hace partiendo desde la improvisación total y valiéndose de la interacción desde el desconocimento del guión por parte de los nativos del lugar. Como estrategia para no condicionar a un texto a personas sin suficiente background en el ámbito cinematográfico, la película toma un camino arriesgado. No teme bordear el despojo documental en su crudeza. Rodado con cámara en mano, liviana, aplica una estética de máxima simpleza, focalizándose en el reencuentro entre una madre y un hijo, como partícipes de una auténtica celebración andina. La vinculación de Magalí con su entorno trama cierta circularidad en un relato cuyo arco dramático atraviesa la historia que se vincula con una suerte de leyenda que la película ficcionaliza. Hablándonos de penurias y precariedades, es una historia que toca fibras íntimas con tensión y economía de recursos. La organización de las comunidades, visibilizando el antagonismo entre el poder gubernamental que convive con el poder más ancestral de sus pobladores resulta un aspecto aledaño a la trama, pero en absoluto menor.

La vida en común – CineAR

Filmado en el pueblo Nación Ranquel (ubicada a 130 kilómetros de la capital de San Luis), con los chicos que pertenecen a esta comunidad indígena, la historia de “La Vida en Común” posee una relevancia singular: pobladores de ciudades vecinas se mudaron a un campamento de 24 casas que le otorgó el gobierno municipal. Un puma acecha esta comunidad indígena en el norte de la Argentina. Allí, cazar es un rito y los chicos más grandes quieren matarlo. La película, se centra en el protagónico de Uriel, un niño de 11 años que experimenta el rito de pasaje que consiste en la caza de un puma escondido en los médanos. El director mezcla su labor de historiador con su función como realizador, potenciando la estructura narrativa como elemento documentalista.

Ezequiel Yanco investigó en La Pampa y la conquista del desierto, y su labor se rastrea en una obra literaria emblemática como “La excursión a los indios ranqueles”, de Lucio V. Mansilla. Este híbrido de ficción y documental se propone, con acierto, investigar con la cámara el territorio que explora. Allí, la elección de un lugar escenográfico se adivina como un descubrimiento. Escondites de animales salvajes y casas de cemento en el medio del desierto ofrecen una mirada que contrasta lo moderno con lo tradicional. “La Vida en Común” confunde la ficción con la realidad, recurre al uso de actores no profesionales y elogia, poéticamente, la construcción histórica. Su noble naturalidad resulta absolutamente meritoria.

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