Los Caballeros, El autoestopista y El libro de imágenes bajo la lupa de Maxi Curcio

El crítico de cine se refirió a los estrenos más destacados de esta semana.


Maximiliano Curcio es escritor, productor audiovisual, docente y comunicador, egresado de la Escuela Superior de Cinematografía de Buenos Aires. Es director de la Revista Cultural Siete Artes y en el año 2019 publicó su primera antología de libros titulada “THE END” fruto de 15 años de trabajo escribiendo acerca de la historia del cine y sus protagonistas. Cada jueves en Tarde Neurótica hace una selección de películas o documentales para ver y explica por qué.

Los Caballeros – Cinema La Plata

Mickey Pearson es un hombre de negocios que triunfó en Londres gracias al tráfico de drogas y posee enemigos que quieren derrumbar su imperio, desatando una auténtica guerra de pandillas mafiosas. Una circunstancia que suscitará todo tipo de conspiraciones, intrigas y chantajes, que implicarán a peligrosos grupos de poder. Este esquema de situación es el molde temático a través del cual Guy Ritchie patentó su carrera, probándose como un efectivo cineasta abonado a la acción.

Este productor y guionista ha otorgado una estética reconocible a películas como como “Revolver”, “Juegos, Trampas y dos armas humeantes”, “Snatch: Cerdos y Diamantes” y “Rock n’ Rolla”, proporcionando relevancia internacional a un héroe de acción como Jason Statham. Luego de llevar a la pantalla el histórico personaje literario de Arthur Conan Doyle (“Sherlock Holmes”) en un par de oportunidades, Ritchie regresa al terreno que mejor le sienta, con un lúdico y entretenido ejercicio de género, narrado con habilidad.

Sus habituales elencos corales (se destacan Hugh Grant y Collin Farrell), un antihéroe bajo amenaza (Matthew McCounaghey, un texano que debe forzar un acento londinense), personajes marginales viviendo fuera de la ley, planes delictivos que sufrirán giros imprevistos y una sucesión de diálogos ingeniosos parecieran una vuelta a las fuentes de la comedia criminal británica que marcara su estilo desde fines de los años ’90. Sin demasiada hondura argumental, pero conservando la frescura de antaño, podría decirse que el cineasta se coloca ‘en piloto automático’ para concebir un producto que recurre a todos los detalles caricaturescos que poblaron sus antiguas historias criminales. Como desafío al espectador, lo más interesante de esta trama resulta el constante uso de saltos temporales, con flashbacks que pretenden colocar las piezas de este rompecabezas de intriga en su lugar, describiendo sucesos en retrospecciones a la manera de la técnica literaria in medias res.

El libro de la imagen – QubiTV

QubitTV es una plataforma de ‘video on demand’, en donde todo cinéfilo puede disfrutar de un gran catálogo de cine clásico, cine independiente, de autor, estrenos, películas que pasaron por festivales y una variada oferta documental que conforma un catálogo de más de 3.000 títulos curado por expertos para ver en cualquiera de tus dispositivos personales. Y su cartelera incluye la última obra del eterno Jean-Luc Godard: se trata de un compendio de erudición y maestría visual que nos cuestiona acerca de la esencia del cine. Resulta válido preguntarnos, ¿qué ocurre cuando el cine decide reflexionar sobre sí mismo?

A través del dispositivo cinematográfico consigue, nada menos, testimoniar su propia historia. Jean Luc Godard, a lo largo de su ecléctica e incansable carrera se encargó de transgredir la propia experiencia del acto creativo para subvertir la mirada ofreciendo el discurso a disposición que lúdicamente se dispone a jugar con lo verdadero y falso del lenguaje (he aquí el carácter ilusorio del cine como arte), pero con una profunda conciencia de desafiar los límites que lo establecido impone. Similar impacto puede percibirse en la obra que el francés desarrollara a lo largo de seis décadas de continua reinvención. Un cineasta recurrente en trabajar formatos experimentales como el collage, el video y la intervención fotográfica, todos estos registros coinciden en la subyugante “El Libro de la Imagen” (2019).

Testigo de un siglo que avanzó a ritmo vertiginoso, el cine mutó incontables ocasiones en busca de trascender los límites de su arte sin perder jamás su esencia. Su naturaleza, fue la de provocar nuestra mirada. La afrenta llevada a cabo por Godard, parece querer retomar aquella senda: despertarnos de un eterno letargo. Sin el espectador y su eco personal sobre cada obra visionada, no habría arte posible. En 2014, Godard estrena una extraña pieza llamada “Adiós al Lenguaje”, reformulando la utilización del portentoso instrumento 3D, el descubrimiento más revelador acerca del rumbo trazado por el cine moderno: espectacularidad en detrimento de contenido. Sin embargo, el francés subvierte las normas. Potencia el vehículo tecnológico como mero pasaporte de sus obsesiones. “Adiós al Lenguaje” resultó una atractiva guía experimental. Un testamento sorprendente, provocador y, por momentos, inaccesible.

Derroche de virtuosismo que filosofaba, de modo lúdico, sobre el estado del mundo y nuestra caótica existencia. Desconcertándonos, el inclasificable autor nos deslumbraba como el mejor prestidigitador, sabiendo que el artificio cinematográfico ha perfeccionado sus técnicas, las amalgama al espíritu de su tiempo. Por tal motivo, films que rompen con todo tipo de esquemas previsibles, como el pertinente caso, resultan valiosas propuestas que aguardan nuestro descubrimiento. Lo acometido aquí por el inmortal Jean-Luc Godard nos habla, a las claras, de la supremacía y potestad que adquiere el artificio cinematográfico en sus manos. Ese poder de fascinación sobre nosotros sigue intacto, afortunadamente.

Un lustro después de aquella singular experiencia en 3D, Godard retoma la apuesta con “El Libro de la Imagen”, un erudito collage de influencias literarias, plásticas y cinematográficas que descompone el lenguaje cinematográfico sobre nuestros ojos. Con palpitante lucidez, este joven octogenario derrama sobre nosotros una auténtica enciclopedia sobre el séptimo arte. Nos inunda de colores, sonidos e imágenes de extrema belleza, que sacuden nuestros sentidos e intelecto. Su última creación resulta una infrecuente y valiosa invitación al pensamiento, bienvenido desafío intelectual. En tiempos del cine en tercera dimensión, la huella inicial del arte cinematográfico se rastrea desde aquellos primeros experimentos. Sin perder de vista que también el espectador ha cambiado, con la importancia que ello conlleva. Y acerca de pensar sobre un estado del cine, en esa comunión del artista con el público (y del film como puente entre ambos) también reside gran parte de la magia del arte cinematográfico. Una fórmula que este documental se anima a comprobar. Godard concibe su más acabado relato fragmentado, confluyendo en un arrojo audiovisual que no teme hermanarse con su desmesurada intertextualidad histórica. Una biblioteca cinéfila.

El autoestopista – Espacio Select

Una nueva serie de proyecciones de clásicos de todos los tiempos abren la temporada del Cine Select en el Pasaje Dardo Rocha, donde se proyectarán las mejores películas de destacados directores y directoras internacionales. Todos los lunes, a las 21:30hs y con entrada gratuita. El próximo 9 de marzo será el turno de inaugurar el ciclo Mujeres de Películas con la talentosa directora “Ida Lupino” y su emblemática “El Autoestopista”. Aquí se nos presenta, en clave policial psicológico, un macabro y sádico juego que establece el personaje que da título a la película y dos conductores que deberán llevarlo a cruzar la frontera.

Ida Lupino, hija de una familia de renombre teatral, inició su carrera cinematográfica protagonizando su primer film en 1939. Autodenominada ‘la Bette Davis de la clase trabajadora’, se especializaba en interpretar papeles de mujer fatal, aunque sin conseguir el mismo renombre que la gran diva con quien era frecuentemente comparada. Años después, cansada del encasillamiento interpretativo funda su propia compañía para producir y co-dirigir la película “Not Wanted” (junto a Elmer Clifton, en 1949). Vale aclarar, que la intensa carrera de la directora de cine se compatibilizaría de allí en más con la interpretación de un más de centenar de títulos y la dirección de una docena de series televisivas.

Contando con presupuestos de serie B, las producciones de Lupino obtienen buena distribución gracias a su unión con RKO. Respecto al cine de clase b, cabe mencionar que, durante la edad de oro de Hollywood, el término identificaba una película destinada a ser distribuida sin publicidad como parte de una doble función. En el universo cinematográfico de esta londinense resuenan sus mentores: la dirección actoral de Raoul Walsh por un lado, por otro la planificación de dirección de Nicholas Ray, a quién va asistir en el rodaje de “On Dangerous Ground” (1951). Una mirada a “El Autoestopista” nos ayudará a comprender las principales características del cine de Lupino: el marcado verismo de unos personajes cotidianos con problemáticas verosímiles, reconocibles por el tratamiento sensacionalista de sus innovadoras temática, a menudo eludiendo elementos tabús en Hollywood como el tratamiento de la violencia. Es considerada pionera en la dirección, otorgando un prisma feminista en el Hollywood masculinizado.

Conforme al tratamiento de los personajes, enriquecido gracias a pequeños detalles, utiliza recursos técnicos para apropiarse de la atención del espectador: planos subjetivos, distorsionados y desenfocados. La decisión de rodar con bajo presupuesto condiciona su estilo narrativo clásico, pero no merma el cáliz de sus intenciones: conciso y tajante, su cine resulta vigoroso. Como se percibió desde su ópera prima en solitario “Never Fear” (1949), Lupino no desaprovecha metraje, sin embargo, su economía no implica pobreza sino un máximo aprovechamiento del plano, siempre repleto de metáforas visuales, como puede apreciarse en logrados largometrajes también recomendables como “Utraje” (1950). Con el correr de los años, se convertiría en una experta del cine noir, tal como lo demuestra esta joya clásica rescatada por el Espacio Select.

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