La Hermandad, La Botera, El Maestro y El cuidado de los otros

Maxi Curcio recomienda tres películas y un documental que, de alguna manera, abordan prejuicios y roles impuestos por la sociedad actual.


El crítico cinematográfico, docente y productor audiovisual llevó a Tarde Neurótica cuatro largometrajes disponibles en CineAR y en Flow.

La Hermandad – CineAR

Los estudiantes de 10 años viajan por primera vez al esperado campamento de su colegio, organizado por los alumnos más grandes. Durante una semana en la montaña descubrirán la convivencia y la supervivencia en la naturaleza, lejos del amparo de sus padres. Los chicos al regresar a sus casas no volverán a ser los mismos. Este es un retrato de la infancia masculina, en una escala íntima pero universal; sobre el sentido de pertenencia y la creación de identidad. Estamos ante una película sobre la infancia y el tránsito hacia la adolescencia. “La Hermandad” se interna en el campamento Gymnasium (UNT), gigantesco evento inserto en el imaginario colectivo de la provincia de Tucumán. Estrenado en el festival Gerardo Vallejo antes de su llegada a las salas, resulta un producto interesante y llamativo: se trata de un metraje filmado en 2014, en pleno campamento, donde un total de 500 chicos van solos hacia la montaña.

Bajo este esquema, Martín Falci retrata la construcción de la ‘hermandad’, desde el mito popular de iniciación -del rito violento e intrínseco en la sociedad tucumana- hasta el hecho antropológico de tratarse del ultimo campamento solo realizado con hombres, ya que al año siguiente se incorporarían mujeres. Esta suerte de retrato bisagra en el historial del campamento, fija en el tiempo un momento verdadero de la evolución natural de los vínculos en sociedad, prestando especial atención a la intimidad masculina, poderosa, que denota cierta incomodidad respecto a la cercanía de la lente de este talentoso realizador tucumano. Con el apoyo del INCAA, el Instituto de Cine y la producción del prestigioso Benjamín Ávila, “La Hermandad” encuentra su fuerza y valor documental concibiendo la civilización como identidad colectiva, siendo ecuánime a la hora de visibilizar tanto aquello que estamos acostumbrados a ver, como aquello otro que no. Y no teme incomodarnos. Sin recurrir a imágenes de archivo ni entrevistas ni voz en off, se trata de otra forma de percibir el género documental, tomando el desafío de mostrar una realidad cruda difuminando las fronteras entre ficción y realidad.

El Maestro – CineAR

Natalio es un apasionado maestro de pueblo del noroeste argentino que aún vive con su madre, una mujer posesiva. En su casa da clases particulares a Miguel, el hijo de Susana, su empleada, quien atraviesa situaciones de violencia en la escuela y con Hugo, la pareja de su madre. En medio de esta compleja trama de relaciones, Natalio y Miguel crean un vínculo especial mientras crece la admiración que ambos sienten mutuamente. Rodada íntegramente en La Merced (Salta), nos habla de relaciones humanas. A través de la figura de un maestro con gran vocación docente, su vida sufre un vuelco drástico. Se trata de una historia dramática y emotiva que explora los conflictos y prejuicios irracionales de la sociedad.

“El Maestro” es una película incómoda, que retrata -con sencillez, pero sin superficialidades- un conflicto atávico y primitivo, que parece pertenecer a otro tiempo. Protagonizada por un casting conformado por Diego Velázquez, Ana Katz, Ezequiel Tronconi y Valentín Mayor Borzone, entre otros intérpretes nativos salteños, este reciente estreno está inspirada en un maestro real (Eric), docente en la escuela primaria de la directora, quien toma un retrato vívido de lo que el docente provocó en la autora (Cristina Tamagnini) y sus alumnos, del pueblo Ucacha, donde ella es oriunda, para ficcionalizar la figura de un hacedor cultural de incansable labor como gestor cultural de su entorno. Amor, amistad y sexualidad, también las relaciones paterno-filiales así como el acompañamiento que se genera en el vínculo docente y alumno, involucran las contradicciones existentes en un micromundo despojado de una mirada bella o idealizada, en donde el mandato social impone sobre aquello que los personajes deben o quieren hacer. De forma austera, este abordaje forma parte del espectro dramático del film en sus lineamientos generales, pretendiendo dignificar una historia denunciando la doble moral imperante y la indignación que produce la discriminación sexual latente y arraigada en ciertos sectores de nuestra sociedad.

La Botera – CineAR

En un barrio humilde surcado por un río contaminado, Tati, una niña de 14 años, está forzada a crecer sola en un contexto problemático y confuso. Mientras aprende a navegar en el río, sueña con ser botera. Un oficio solo realizado por hombres. De esta forma, “La Botera”, de Sabrina Blanco, retrata la etapa frágil de la adolescencia que podría reflejarse en tantos seres atravesando ese vital momento de apertura a la vida bajo condiciones en extremo dramáticas. Íntima y testimonial, sin aparentar decoro ni idealizar a su protagonista, el film se desarrolla en inmediaciones de la Isla Maciel. Este lugar nos provee de una serie de peculiaridades narrativas: lo atemporal de un entorno rodeado por un rio, contaminado y putrefacto, no resulta azaroso en lo más mínimo. Percibimos precariedades y marginalidad en un cuadro de situación que no escapa a una realidad socio-económica común y corriente.

El oficio de botero, obsoleto y resistente, destaca estoico al paso del tiempo a la vera de un rio corrompido, en donde la protagonista encuentra refugio, paradójicamente. Un trabajo históricamente encarnado por hombres de tesón y oficio nos llega a preguntar qué sucede si una niña -o mujer- quisiera ser ‘botera’. Pero aquel deseo va más allá de lo puramente vocacional. La metáfora de una chica empoderada a la vez conviviendo con una profunda soledad y desprotección nos habla del deseo de la incipiente mujer, aún cuando no logra cristalizar con la mayor eficacia el poderoso testimonio dramático que pretende. Con sus altibajos, “La Botera” nos hace reflexionar acerca de cuantos mandatos se deben sortear, siendo ,el primero de todos, una poderosa soledad. Estructural, se traslada de generación en generación, desde lo paternal hasta la ausencia de instituciones. La de su personaje es una búsqueda compleja y errática, proyectada en objetivos -un bote, un lugar, el chico que la enamora-, confluyendo en un anhelo por demás irracional: Tati quiere al bote de una forma tan inconsciente como verdadera, construyendo así su deseo. Finalmente, ella es su propia herramienta para insertarse en el sistema.

El cuidado de los otros – Flow

Segundo largometraje de Mariano González (“Los Globos”), participó en la última Competencia Internacional del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Nos cuenta la historia de Luisa, quien trabaja cuidando niños en una fábrica, temporalmente. Por una inoportuna ocasión quedan a cargo con su novio de un joven que accidentalmente sufre una intoxicación por drogas. De esta forma, nos inmiscuye en la realidad que viven Luisa y su pareja, quienes se ven involucrados en un episodio que podría desembocar en una tragedia. ¿Somos culpables indirectos de aquellos sucesos que no podemos evitar? ¿Podemos, acaso, prevenir todo tipo de accidentes? Dice el refrán que donde hay un niño hay peligro, pero la pregunta subyace: ¿quién nos cuida?, ¿y quién cuida a nuestros hijos? ¿Alcanza con una recomendación para estar tranquilos?

La película nos interpela valiéndose de su crudeza casi documental: ¿cómo se continua el vínculo luego de un episodio dramático? Mariano González -en su doble rol de guionista y director-, con escaso metraje y aplicando un tono tan austero como asfixiante, indaga en la paternidad forzada, poniendo su foco de interés en una protagonista femenina (Sofía Gala) al cuidado de un menor, al tiempo que pesquisando la curiosidad -a veces peligrosa, incontrolable- que se despierta en los niños y el cuidado que merece esa fragilidad de un ser abriéndose al mundo. Los vínculos y el alrededor de este joven serán puestos bajo la lupa de este novel director. El film habla del peligro oculto al que todos estamos expuestos sin saberlo: el azar y los accidentes inmanejables que ordenan -o desordenan- nuestra vida.

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