La agricultura de alto rendimiento y su impacto socioambiental

Sol Represa se metió en uno de los temas más polémicos a nivel nacional por tradición, por impacto económico y por los descubrimientos científicos.


La Licenciada en Química Ambiental e investigadora del CONICET, se refirió a este tema en su última columna semanal de Tarde Neurótica. El modelo de producción vigente, concentrado y desregulado, bajo la lupa de la ciencia. Para dimensionar la relevancia de la problemática, Sol contó que en la región pampeana (provincia de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe) casi 40% de las tierras están cultivadas (más de 23 millones de hectáreas), de ahí sale el 60% de toda la producción agrícola nacional. Esto representa el 35% del PBI argentino, el 60% de las exportaciones, y el 90% de los alimentos que se consumen en el país.

Según un estudio de OXFAN, Solo el 0,94% de los dueños de las grandes extensiones productivas (más de 22.000 hectáreas maneja el 34% del total del territorio argentino. La mayoría (el 83% de los dueños, 950 mil personas) tiene porciones de tierra más pequeñas, con un promedio de 94 hectareas, solo ocupan el 13% de la tierra. Solo el 16% de las mujeres son dueñas.

¿Qué se produce?

La producción agrícola se encuentra tecnificada, no solo por el uso de maquinarias como cosechadoras o sembradoras sino también por el rol de la industria química. Es decir que el paquete tecnológico se completa con fertilizantes para el suelo, plaguicidas y cultivos alterados genéticamente.

Según la Red Internacional de Acción en Plaguicidas, en Argentina se utilizan 107 productos productos que están prohibidos o no autorizados en otros países del mundo. 36 de esos (es decir el 33%) son plaguicidas altamente peligrosos por sus efectos agudos, entre ellos el glifosato (Roundup) y  18 de ellos la Organización Mundial de la Salud recomienda no utilizarlos. Los agroquímicos “altamente peligrosos” son aquellos cuya toxicidad pueda ser fatal o irreversible si es inhalado; si constituye un disruptor endocrino; si es bioacumulable; si es persistente en el agua, en el suelo o en los sedimentos; si es tóxico en organismos acuáticos; y si es muy tóxico para las abejas.

Hay distintos tipos de exposición aunque evaluar la toxicidad en humanos aún es demasiado complejo. Sin embargo, estudios epidemiológicos realizados en Córdoba o Rosario registraron daño genético que aumenta mientras más años de exposición a los plaguicidas hayan tenido las personas. En este aspecto, la exposición peligrosa está vinculada a la aplicación de los productos en cuestión, pero también a las malas prácticas de trabajo (almacenamiento cerca de las viviendas, lavado del material de trabajo en arroyos, no tener protección personal, venta a granel y no tener instrumentos apropiados para la dosificación, el reingreso a las zonas de aplicación).

 

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