Ingmar Bergman, la desnudez y los rostros

A 102 años del natalicio del cineasta sueco, Augusto Ricardo, del Taller de Cine y Filosofía, repasó su filmografía.


El taller de cine y filosofía del realizador audiovisual Augusto Ricardo estuvo dedicado a repasar y revisar la vida y obra de Ingmar Bergman en Tarde Neurótica.

Ingmar Bergman es un director de cine sueco. Nació el 14 de julio de 1918. Se crió rodeado de una familia conservadora y estricta. Su padre era un pastor luterano. De hecho, en su educación no faltaron golpes y maltratos físicos. “Casi toda nuestra educación estuvo basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos y con Dios”, escribe en sus memorias. Todo el mundo metafísico de la religión lo va a acompañar siempre.

Bergman se casó cinco veces, era un gran seductor. Una de sus esposas fue la actriz Liv Ullmann, que participó en muchísimas de sus películas. Murió el 30 de julio del 2007 a los 89 años, el mismo día muere también el cineasta italiano Michelangelo Antonioni. Su puede encontrarse en David Lynch, Stanley Kubrick, Francis Ford Coppola o Steven Spielberg.

En el año 1942 comienza a trabajar encargándose de la revisión de los guiones hasta que en 1945 dirige su primera película “Crisis”.

En 1953 dirige “Un verano con Monika”. Una historia de adolescentes (en un trabajo de mierda que deciden hacer un viaje) que causó escándalo por su sensualidad. Y que presenta algo fundamental: ningún personaje es bueno ni nos cae bien, pero hay algo fascinante en todo lo que pasa. En el final, está el momento en que Monika va a ser infiel a su novio (después de incluso jurar que no lo iba a hacer). La cámara se acerca y hasta se oscurece el fondo, dejando al rostro como un fantasma literal. Y ella mira a cámara, mira al espectador. Y así interpela muchísimo. Lo que está haciendo está mal en términos morales, sí, pero ¿quién es el espectador para juzgar? ¿Por qué Monika tiene que ser buena?

En 1956 filma su primer éxito: Sonrisas de una noche de verano. En 1957, filma una de las más importantes de su carrera: El séptimo sello, en que un caballero sueco en la época medieval de las cruzadas, vuelve a su tierra natal, azotada por la peste. Ahí lo espera la muerte. La imagen de la muerte con la capa negra, mirando acechando, es maravillosa. Y el caballero desafía a la muerte a una partida de ajedrez para ganar tiempo. Quiere tiempo porque siente que nunca hizo algo que le dé sentido a su vida y lo quiere hacer.

En la década del 60 su carrera fue en ascenso. Ganó el Oscar a mejor guion por Fanny y Alexander (1960), el Oscar a la mejor película de habla no inglesa con sus películas El manantial de la doncella de 1960 y Como en un espejo de 1961.

En 1962 hace El silencio, que es una maravilla. Y en 1966 se estrena Persona, una de las películas más emblemáticas de Bergman. Una actriz después de una función pierde la voz, se queda muda. No está enferma ni tiene nada malo, simplemente está muda. En el hospital conoce a una enfermera que se va a encargar de cuidarla y las dos se van a vivir a una isla. Van pasando algunas cosas y las dos se van acercando cada vez más, hasta el punto de que se produce todo un juego con la identidad de una y otra. Al punto de que comienzan a confundirse.

En 1976 se traslada a Munich, Alemania, por problemas con el fisco en Suecia. Ahí realiza varias películas, como Sonata de otoño de 1978.

Fue alguien que se animó a los grandes temas: identidad, ausencia de dios, la muerte, la comunicación, el deseo. Fue muy influido por el existencialismo. También incorpora elementos fantásticos, misteriosos, mitológicos. Sin embargo, lo que más recuerdo de Bergman son algunos paisajes (visualmente era increíble: luces, sombras, claroscuros, colores, son películas muy lindas de ver), pero fundamentalmente algunos rostros.

Hay algo en Persona, que aparece en general en la obra de Bergman pero en esta película es muy evidente, que es un uso muy interesante del primer plano. En general, cuando hay un primer plano de un rostro lo que se descubre, por decirlo así, es el alma, la emoción, aparece la persona. Pero en Bergman el primer plano de los rostros no descubre nada. Lo que hay en los rostros de Bergman es un gran vacío detrás. Uno puede sentir la ausencia de rostro en esas caras. ¿Qué significa ausencia de rostro? Y bueno, para eso tenemos que preguntarnos qué hace un rostro.

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