El problema de los imperativos

Javier Salum reflexiona sobre las obligaciones que proliferan y que, incluso aquellas que suponen bienestar, pueden perjudicar.


En su columna semanal de Tarde Neurótica, el Licenciado en Psicología, docente e investigador de la UNLP, analiza las propuestas vinculadas a “gestionar emociones” que, en muchos casos, prometen alcanzar el bienestar individual casi como una obligación. “El imperativo es en ultima instancia un imperativo de productividad. Hasta lo que nos hace bien, si se convierte en un imperativo, puede terminar provocando un efecto adverso”, expresó Javier. En esta línea, indicó: “Si eso que nos hace bien supera cierto umbral y se convierte en una especie de imperativo lejos de servir a mi bienestar empiezo a quedar supeditado a un deber ser. Se pierde el valor de lo bueno que eso puede aportar para construirnos en dependencia a una producción que no tiene fin”.

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