¿El COVID-19 se transmite por el aire?

Sol Represa repasa cuánto se dice y cuánto se sabe de esta pregunta que es clave para la salida del aislamiento social obligatorio.


237 médicos (médicos de enfermedades infecciosas, epidemiólogos, ingenieros y científicos de aerosoles) publicaron un comentario en la revista Clinical Infectious Diseases, donde le piden a la comunidad médica y a las autoridades de salud pública que reconozcan el potencial de transmisión aérea. En esta línea, también solicitaron la implementación de medidas preventivas para reducir este tipo de riesgo. Este asunto abordó la Licenciada en Química Ambiental y Doctora en Ingenieria Geomática de la UNLP, en Tarde Neurótica.

En principio explicó que tanto la tuberculosis como el sarampión se transmiten por el aire y que todavía no hay ningún caso que sugiera que este tipo de transmisión esté ocurriendo con el SARS-CoV-2. Sin embargo, trascendieron algunos eventos que levantaron sospechas en las autoridades sanitarias. Esto se debe a que al toser, estornudar, hablar o respirar generamos microgotas. Si estamos infectados, en esas partículas microscópicas puede estar el virus. Las microgotas, por su peso, caen al suelo y se depositan en las superficies. Mientras que las partículas más pequeñas pueden quedar suspendidas en el aire. “A las típicas velocidades del aire interior, una gota de 5 μm viajará decenas de metros mientras cae desde una altura de 1,5 m hasta el suelo”. Básicamente por esto el distanciamiento social previene contagios.

La evidencia sugiere que esas microgotas continuarán flotando y seguirán las corrientes de aire en una habitación. Existe alguna evidencia de que los aires acondicionados o ventiladores pueden contribuir a la propagación al el tener potencial de hacer volar las gotas a lo largo del camino del aire. Por ejemplo, si en un restaurant se mantienen las distancias establecidas por protocolo, pero un ventilador funcionando puede dispersar el virus. Esto se daría con mayor probabilidad en los llamados eventos superpropagadores es decir aquellos en los que las personas no tiene mascarillas o distanciamiento. Vale aclarar que aún están analizando el patrón de contagios e intentan modelar el esparcimiento.

Al principio de la pandemia algunas estudios muy apresurados vinculaban casos graves de COVID-19 con mala calidad de aire ambiental. Sin embargo, que dos cosas sucedan al mismo tiempo no implica que haya una relación de causalidad. De hecho, todavía la Organización Mundial de la Salud no habla de “propagación por el aire”. Hay que tener en cuenta que reunir pruebas inequívocas de la transmisión por el aire podría llevar año. A pesar de esto, ante evidencias emergentes (y la carta firmada por más de 200 profesionales de la salud) la propia OMS aclaró el 7 de julio que “no se puede descartar la posibilidad de transmisión por vía aérea en entornos públicos, especialmente en condiciones muy específicas, en lugares abarrotados, cerrados y mal ventilados que se han especificado”.

Las partículas que son contaminación ambiental son muy pequeñas (entre 10 y 20 veces más chicas que el grosor de un pelo). El material particulado en altura puede viajar miles de kilómetros, pero para eso debe ser arrastrado por corrientes de aires fuertes o con altas temperaturas para que alcance una cierta altura. Suspendido en el aire el patógeno es capaz de aguantar, en promedio, tres horas tras haber sido expulsado en forma de pequeñas gotitas a través de la tos o estornudos. El problema es que no es posible, al menos por ahora, conocer cuál sería la dosis infecciosa necesaria para contagiar ni tampoco cuánto sería el tiempo de exposición necesario. Lo que sí se sabe es que el problema está en ambientes cerrados con poca ventilación, aglomerados y en los que se da el contacto cercano prolongado. La clave, entonces, es renovar el aire, es decir, mantener los espacios ventilados.

Los consejos siguen siendo:

  • Lavarse las manos.
  • Mantener una distancia física de al menos un metro o metro y medio, 
  • Evitar el contacto cercano y sin protección.
  • Limpiar y desinfectar superficies potencialmente contagiadas.

Ahora se suman:

  • Proporcionar una ventilación suficiente y eficaz (suministrar aire exterior limpio, reducir al mínimo la recirculación de aire), en particular en los edificios públicos, los lugares de trabajo, las escuelas, los hospitales y las residencias de ancianos.
  • Complementar la ventilación general con controles de las infecciones transmitidas por el aire, como la extracción local, la filtración de aire de alta eficiencia y las luces ultravioletas germicidas.
  • Evitar el hacinamiento, en particular en el transporte público y en los edificios públicos.

“Con coronavirus o sin coronavirus es sinónimo de salud estar en espacios bien ventilados. Respirar aire sano es bueno”, destacó Sol Represa.

Escucha la columna completa acá:

Previous Creer o no creer, esta es la cuestión
Next Jornada histórica para la escena eSport de Argentina