El acto de mirar cine y series

Augusto Ricardo, del Taller de Cine y Filosofía, reflexionó en torno a la figura del espectador de la mano de Jacques Rancière.


En julio el Taller de Cine y Filosofía comienza un nuevo taller a distancia en el que se profundizarán estas reflexiones.

Pensar el espectáculo (y al espectador) implica pensar la política. Porque pensar esta idea de espectador emancipado, implica pensar un espectador que puede intervenir sobre sus propios hábitos y transformarlos. Aquí radica la relevancia de la propuesta que llevó el realizador audiovisual a Tarde Neurótica.

Jacques Rancière tiene un libro que se llama “El espectador emancipado” en el que expone la definición clásica de espectador como un sujeto pasivo, que está separado de la obra, y que su única función es contemplar (y aceptar) lo que se le presenta. Esto en teatro y cine llevó a lo que se conoce como “cuarta pared”. Todo lo que ocurre en la escena o en la imagen ocurre como si no fuese teatro o como si no fuese cine, sino como si fuese algo real y nosotros como espectadores observamos todo como a través de una pared que falta. Observamos cómodos, tranquilos, sin hacer nada.

Si bien siempre hubo experimentos, podemos decir que en el siglo 20 la cuarta pared entra en crisis. Muchos dramaturgos y actores van a denunciar que la cuarta pared convierte a los espectadores en seres completamente pasivos porque mirar es lo contrario de conocer. El espectador sólo mira los efectos, la apariencia, e ignora todo el proceso de producción de lo que mira. Pero también mirar es lo contrario de actuar.

Y así, van a buscar un teatro en el que los espectadores realicen alguna acción y salgan de esa posición pasiva de espectadores: que puedan aprender o convertirse directamente en participantes activos del hecho artístico. Esto va a tener mucha influencia en el cine: “Todo espectador es un cobarde o un traidor” en La hora de los hornos (1968) de Solanas y Gettino.

El siglo 20 es el siglo de muchas iniciativas que buscan sacar al espectador de su comodidad de observador y llevarlo a la acción.

Rancière critica todas estas nociones. Para Rancière no existe un espectador absolutamente pasivo, que como una materia bruta o una placa receptiva, debería ser formada, educada, movilizada por un artista activo. Todo espectador pone en funcionamiento sus capacidades de sentir, de pensar, de observar. El espectador compara, interpreta, recuerda, es decir, realiza un montón de acciones.

Sin embargo, un espectador emancipado realiza una acción particular: es un espectador que puede comprender en qué consiste su propia posición de espectador, es decir, que puede pensar cómo y por qué algo que ve, lo afecta de determinada manera. Puede pensar sobre sus propias reacciones ante lo que ve y no simplemente responder de manera automática. Porque uno como espectador tiene hábitos.

Hume asociaba los hábitos a la contracción: las costumbres se contraen: uno se sienta de una determinada manera, uno habla de una determinada manera, uno se va contrayendo y va actuando siempre de la misma manera, sin pensar (los hábitos son necesarios para la vida pero no dejan de resultar problemáticos). La emancipación ocurre, entonces, cuando reconocemos nuestros hábitos como hábitos, como algo adquirido, aprendido, que podemos modificar y no algo natural ni necesario. Y ahí como espectador uno puede aprender algo de su propia forma de mirar.

mirar una película o serie implica toda una conducta corporal, una forma que adquiere nuestro cuerpo, una posición en la que nos acomodamos, un gesto que adquiere nuestro rostro, toda una serie de cuestiones que involucran al cuerpo y que hacemos para estar en condiciones de prestar atención a lo que vemos.

Y esas condiciones están intervenidas por factores externos. Por ejemplo, la necesidad constante de estar chequeando el celular (siempre hay una excusa para creer que es urgente). O la necesidad de tener algo para comer mientras se mira y, así, mirar implica también masticar, tomar, estar ocupado por lo que tomo, por lo que como.

Y por eso cuando se está percibiendo una película, en realidad se están percibiendo muchas otras cosas. Hoy nadamos en una percepción dispersa. Hay una cantidad de tecnologías que involucran conductas, comportamientos, percepciones y que dispersan la atención y afectan nuestra condición de espectadores.

El espectador es un ser histórico, podemos decir, y así es definido por la época en que vive. Pero más precisamente por el estado de la técnica (que más que nunca hoy no deja de cambiar). Lo que somos como espectadores siempre está en relación con el estado de las técnicas. Así, el desarrollo técnico no significa sólo que la pantalla tiene más definición, sino que afecta nuestros hábitos y nuestras formas de ver, es decir, nuestra experiencia como espectadores.

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