Controversia científica y posverdad

¿Qué pasa cuándo la ciencia aún no tiene las respuestas? se preguntó Sol Represa en su columna de Tarde Neurótica.


La Licenciada en Química Ambiental y Doctora en Ingeniería Geomática de la UNLP se refirió a los momentos en los que la ciencia aún no tiene respuestas definitivas (si es que alguna vez las tiene). El coronavirus provocó en la escena pública discusiones que ponen sobre la mesa la construcción del conocimiento científico. Para comenzar, Sol expresó: “estamos en un momento muy crucial en donde la comunidad científica está desarrollando conocimiento. Eso lo conocemos como una controversia científica: tenemos distintas personas que su trabajo es investigar, que discuten cómo interpretar las cosas que van descubriendo y en esa conversación abierta también aparecen otros interlocutores”.

Estamos acostumbrados en confiar en ciertos conocimientos, en especial en la ciencia y la tecnología. La ciencia nos permite conocer el mundo, o acercarnos a una verdad. El problema es cuando es un asunto de urgencia sanitaria, como ahora. No hay ya suficiente evidencia para concluir nada, entonces: ¿En quién creemos? ¿A quién escuchamos?

La ciencia se construye en diálogos entre especialistas, es decir, en las diferentes interpretaciones de los datos o los hechos. Y la controversia aparece cuando cada fracción de la ciencia y la tecnología aún no se han estabilizado. Como dijo el filósofo Ernan McMullin: “una controversia científica es una disputa pública duradera sobre un asunto significativo de la ciencia sin una resolución fácil”. Si a esto le sumas la idea de Karl Popper de que “el progreso científico no es una acumulación de observaciones sino el repetido derrocamiento de teorías científicas y su reemplazo por otras mejores o más satisfactorias“, se hace evidente que es necesario ejercitar la paciencia. Además hay que tener en cuenta que los participantes en una controversia científica no suelen ser únicamente los científicos, sino que intervienen a menudo otros grupos sociales: políticos, industriales y comerciantes.

Las controversias terminan cuando:

  • Aparecen argumentos claves.
  • Se logra un consenso.
  • Se establece una negociación.
  • Muerte natural del asunto por pérdida de interés.

Estos tiempos son un escenario ideal para el surgimiento de la posverdad, es decir de aquellos discursos que apelan a la emoción y a las creencias personales que ofrecen soluciones mágicas sin argumentos concretos. Ante esto hay que diferenciar qué se sabe y que no, con cuánta confianza se sabe y cómo sabemos lo que se sabe. Concretamente, a modo de ejemplo: ¿Qué pasa con las políticas en salud respecto al final de la cuarentena? También hay que ser conscientes de que criticar públicamente a las autoridades solo sirve para socavar la confianza pública en un momento en que esta es muy necesaria.

En estos casos, los responsables políticos no pueden esperar que haya soluciones sino que deben asumir un riesgo. Para esto, lo recomendable es determinar los criterios de toma de decisiones, establecer las instituciones de toma de decisiones, evaluar diferentes resoluciones, realizar análisis de costos y beneficios, evaluar los riesgos relacionados y la probabilidad de cada resolución, simular los resultados de la toma de decisiones, y finalmente, elegir una resolución como plan de decisión.

Las simulaciones consisten en aplicar programas en los que podamos comprobar cómo funciona un determinado sistema. También es posible testear comportamientos a través de este tipo de simulaciones. Lo que se intenta a través de esta técnica es recrear sistemas reales e hipotéticos a través de los que se pueda trabajar antes de tomar una decisión.Estos sistemas facilitan conocer qué tipo de respuestas se pueden ofrecer ante determinadas situaciones, sin ningún tipo de riesgo físico para las personas.

En medio de una controversia científica, mejor escuchar mucho lo que se dice y tomarse un tiempo antes de asumir una postura, y sobre todo, pedir evidencias científicas.

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